Tiene la gracia de parecer de otra tierra, de otro mundo, con una historia distinta, más compleja, más elaborada que otras. Tiene contenido. Tiene ese sueño en la mirada; un sueño distinto al suyo, pero qué más da. Ambos, radicales, se niegan a la vida que muchos aspiran. Ambicionan una trama distinta.
Nos juntamos en casa siempre que podemos, a la hora que se nos antoja. Yo acostumbro a llamarla de madrugada y ella no tarda ni medio segundo en teletransportarse sobre mi cama. Y aunque nos debemos el uno al otro, tenemos en claro el concepto de soledad. Ella sabe muy bien cuánto disfruto de su ausencia: casi lo mismo que estar con ella.
A veces se despiertan cuando está cayendo el sol y para aprovechar los últimos rayos que entran por la ventana, Sigue leyendo

